Cerdeña es, por su extensión, la segunda isla más grande del Mar Mediterráneo después de Sicilia y se encuentra entre Córcega al norte, Túnez a sur, Baleares al oeste e Italia del sur al este. Cualquier geólogo podrá afirmar que el subsuelo de las regiones de Sulcis-Iglesiente (el extremo sudoccidental) es la zona más antigua del territorio italiano, originada en el Cámbrico, hace entre 500 y 600 millones de años. Fue llamada "Shardan/Sherden" (o variantes similares) por los fenicios. Probablemente "Ichnusa" (forma de huella de pie) por los griegos y por fin "Sandalyon" por los romanos que tradujeron del griego. En la actualidad viven en esta isla 1.600.000 habitantes aproximadamente (el equivalente a la población de Palermo) concentrados en grandes pueblos, así que la isla resulta muy virgen y llena de paisajes naturales de mar y montaña.
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La prehistoria sarda comienza en torno a 14.000 años antes que Cristo, fecha en que se sitúan los primeros vestigios humanos hallados en una cueva del "Nuorese". En realidad, no hace muchos años que los arqueólogos han situado en las piedras de un torrente cercano a Pèrfugas (norte) la huella del hombre sardo del Paleolítico inferior, situada entre hace 200.000 y 150.000 años.
La verdadera prehistoria, donde más frecuentemente aparece la presencia humana, se sitúa en torno a 6.000-5.000 años a.C. cuando comienza lo que Giovanni Lilliu (maestro de los arqueólogos sardos) llama "la bella edad de los Nuraghi". Cuando aparece la edad nurágica sus monumentos llegan a cubrir, por primera vez en la historia de Cerdeña, casi por entero el territorio de la isla. Se trata de entre siete y ocho millares de torres oscuras de traquita o basalto que dominan -alineadas en gran parte en la cima de las colinas- todo el paisaje sardo. Están construidas por bloques de piedra superpuestos en hileras circulares, sustentados sólo por la fuerza de la gravedad, con una altura de hasta 20 metros. Constituyen no sólo el elemento característico de Cerdeña sino un emocionante testimonio de una cultura que sembró el territorio de un inabarcable patrimonio. Sin embargo, a pesar de cuantas manifestaciones dejaron de vida social, carácter religioso, modos de trabajo, conocimiento tecnológico, estructuración social, fantasía arquitectónica -que bien merecen el nombre de civilización- no lograron construir una nación, cuanto menos un estado. No obstante, no todo se conoce de esta misteriosa civilización, aún queda mucho por descubrir y quizá si esto ocurriese se podrían rescribir páginas de nuestra historia.
Las primeras invasiones llegan con los fenicios, los intrépidos navegantes del Mediterráneo. Situada en el centro de la cuenca occidental, Cerdeña era entonces, además de una escala, una isla rica en recursos. La primera materia prima en exportarse fue la obsidiana, el oro negro de la antigüedad. Los fenicios llegaron a la isla en torno al 1000 a.C. y sus asentamientos acabaron siendo cada vez más estables y complejos hasta el punto de que cuando Cartago y Roma invadieron la isla, construyeron sus ciudades sobre las ruinas de las primeras colonias fenicias. Los cartagineses llegaron a Cerdeña en torno al 550 a.C. Su asentamiento fue mucho más estable y su expansión mayor. Con ellos nacen las primeras ciudades de la historia sarda, casi todas al sudoeste: Cagliari ("Kárales": roca o colina), Tharros, Nora, Bithia y Sulci. La dominación cartaginesa duró sólo dos siglos, pero la visión sarda de la vida y la muerte tiene más que ver con los cultos fenicio-púnicos que con la filosofía romana o la religión cristiana.
Los romanos llegaron a Cerdeña en el 238 a.C., entre la primera y la segunda guerra púnica, con el pretexto del incumplimiento de una cláusula del tratado de paz. Los romanos permanecieron más allá del 476 (año oficial de la caída del Imperio de Occidente) dejando en sus mil años de presencia profundas huellas, sobretodo en la lengua sarda. La única zona que opuso resistencia fue la montaña, no en vano los romanos consideraban aquellas tierras pobladas por civitates barbarie -de donde nace el término Barbágia- alrededor de la montaña Gennargentu.
Pero en la historia de Cerdeña existe un "agujero negro" de casi medio milenio, desde al 500 d.C. hasta el año mil. La furia destructora de la flota árabe radicalizó el aislamiento de una tierra ya aislada por su propia geografía. Cuando reaparecieron los primeros documentos escritos, Cerdeña aparece dividida en cuatro territorios separados, los juzgados. En esta época la cosa más interesante es el intento de establecer una sociedad en cierto modo democrática.
Los jueces caen en el punto de mira de las demás potencias continentales. En 1016, una especie de gran cruzada naval bendecida por el Pontífice para liberar a Cerdeña de las incursiones del Islam, ve a Génova y Pisa invadir la isla con sus mercaderes y sus familias patricias. En este mismo período llegan también a Cerdeña las órdenes monásticas. El único juzgado que sobrevive es el de Arborea. Los habitantes de Tharros se trasladan a Oristano llevándose consigo no sólo el arzobispado sino también las piedras de la ciudad romana. Los señores envían a muchos de sus hijos a formarse a la corte de Barcelona. En 1297, para deshacer el intricado ovillo de problemas internacionales creados por la rebelión de las Vísperas sicilianas, el papa Bonifacio VIII cede Cerdeña en feudo a Jaume II de Aragón. Así, en 1323 Alfonso, príncipe heredero, desembarca en Cerdeña con su poderoso ejército. El último juzgado que había resistido, el de Arborea, durante un tiempo aliado de los aragoneses, se convierte en su principal enemigo. Comenzaba entonces la época llamada de la Cerdeña "española". Los sardos consideran este período el más infeliz de su historia: pestes, carestía, despoblamiento, pobreza y en fin, la arrogancia inaceptable de los funcionares españoles. El dominio español dura hasta el 1720 cuando la isla pasa a manos de los Saboya. Así terminaron cuatro siglos en los que los sardos vivieron no sólo el poder sino también la cultura y civilización españolas: lengua, literatura, arte, religión e incluso algunos elementos "arquetípicos" del carácter español dejarán profundas huellas en la cultura de Cerdeña. Pero el legado más original y fascinante es la ciudad de Alghero (l'Alguer en catalán) que, aunque fundada por los Doria, recibe el nombre de Barceloneta, la pequeña Barcelona. En ella, aún hoy, unos 18.000 habitantes tienen como lengua principal el catalán.
Cerdeña fue piamontesa hasta la Unidad de Italia en el 1861. No fueron años memorables para los sardos, porque las medidas aplicadas a la isla no se adaptaban bien a la vida de sus ciudadanos que así, con casi quince años de anticipación, experimentaron la difícil relación Norte-Sur que todavía está presente en la vida del país.



